sábado, 2 de noviembre de 2019

La Familia Melodías compartiendo música con las Misiones Franciscanas

¡AFINADOS, LISTOS, YA!


¡¡¡Se Inicia un nuevo proyecto para las Misiones Franciscanas en Colombia!!!!

Esta vez contamos con la Familia Melodías para hacer llegar la música a los más peques de la casa con un disco de canciones infantiles.
Todos los beneficios irán destinados a niños y niñas de los proyectos de comedor y refuerzo escolar en Corozal (Colombia).
El precio del disco completo es del 10€, que es lo que equivale a 10 platos completos en comedor social.


Puedes escucharlo y descargarlo en https://lafamiliamelodias.bandcamp.com y también pedirlo en formato físico a lafamiliamelodias@gmail.com o comprarlo en http://fb.me/lafamiliamelodias (botón "comprar"). También se puede solicitar a través de los frailes de las comunidaes de Franciscanos Conventuales de España.




viernes, 4 de enero de 2019

CAMPO MISIONERO: Colombia 2019


Labor misionera y jóvenes




Labor misionera y jóvenes

Antes de venir, pensaba que la labor misionera se basaba en el hacer; organizar catequesis, oraciones... pero descubrimos que lo que ellos valoraban era nuestra presencia: escuchar, acompañar… Su agradecimiento aún nos desborda y nos cuesta comprender, pero nos lo llevamos guardados en el corazón.
Los jóvenes buscaban conocernos y compartir su fe. Después de cada misa nos buscaban para estar con nosotros, mostrarnos su realidad...incluso nos llevaron a tomar salchipapas colombianas.  Su dedicación en la parroquia es admirable y esperamos haberles dado nuevas energías para que mantengan su admirable espíritu de fraternidad y alegría de vivir.




Clara Galera, agosto 2018

HISTORIAS DE AMOR Y DOLOR DETRÁS DE CADA BOMBILLA.


HISTORIAS DE AMOR Y DOLOR DETRÁS DE CADA BOMBILLA.




Una cara sonriente, un abrazo complaciente, y el amor de Dios, detrás de unos ojos que han visto la cruz de la eternidad. Así poco a poco fuimos conociendo LA MISIÓN y el significado de nuestro papel en Colombia.
El Espíritu Santo ha sabido guiarnos y llevarnos por el camino a andar. Las sorpresas y respuestas fueron llegando a media que conocíamos cada parada misionera, nunca podíamos imaginar los recibimientos tan calurosos y afectivos en cada uno de los puertos, tanto por los Hermanos Francisanos de Colombia, como por los fieles de cada una de las parroquias. La acogida preveía la gran familia de Dios que íbamos a conocer.
Este año se cumplen 40 años, de la presencia Franciscana Conventual en Colombia, con este aniversario surge un nuevo proyecto al que se llamará “Santa Clara” cuyo objetivo es crear una comunidad de madres cabezas de familia, que crea y viva en la luz de la vida y la Fe. Nosotros hemos participado en el visiteo de estas familias, cada una de ellas tiene su historia de amor, alegría franciscana y dolor. Hemos estudiado el contexto y la realidad, yendo a cada hogar y conociendo cada uno de los casos. Historias particulares unidas por la tristeza del abandono paterno, pero también unidas por la valentía y el amor a su familia.
Nuestra tarea misionera ha sido la de “estar” y “compartir”, y por su puesto solidarizarnos con su causa, bajo la visión de Cristo. Hemos descubierto que el amor y la Fe pueden derribar las barreras encontradas.
Después de haber vivido esta experiencia en fraternidad con nuestros compañeros y con cada una de las familias que Dios nos ha puesto en el camino, sentimos que todas las personas tenemos algo que ofrecer a los demás y todos independientemente del lugar las circunstancias que nos toque vivir compartimos algo tan inmenso como Dios.


14 Agosto 2018


Mari Cruz Maiz Navalón
Arturo Felipe Ginés Montealegre

“Lo que habéis recibido gratis, darlo gratis.” (Mt. 10,7-15)



“Lo que habéis recibido gratis, darlo gratis.” (Mt. 10,7-15)





Hace ya unos años que como matrimonio queríamos compartir nuestra fe con otras personas de otras culturas y lugares, y a la vez enriquecernos de su manera de vivir la fe, y si fuera posible desde el carisma franciscano.
El Señor que cada día sale a nuestro encuentro, nos puso la Misión de los Franciscanos Menores Conventuales: una Misión en Corozal (Colombia) para abrir los ojos a una realidad rural que nos ha ayudado a cambiar la mirada de nuestro mundo. Y conocer el proyecto social que los hermanos llevan adelante en Corozal: comedor social, programa de refuerzo educativo, apadrinamiento…
Fray Jordi, junto con la Comisión de Misiones Franciscanas seleccionaron un “equipo”, que muy pronto pasó a ser nuestra “Fraternidad”: Natalia (Pamplona); Clara (Madrid); Mª Cruz y Arturo (Tarancón), y nosotros Javi y Marielo (Granollers). Tuvimos tres encuentros para prepararnos tanto pastoralmente como en las costumbres de Colombia, con el cariño de Tula, Sophy, Fray Julián, Lucía y Ana, Fray Jordi y Fray Ángel Mariano.
Con mucha ilusión y también, la verdad, con nuestras dudas y miedos llegamos a Corozal el 27 de julio. Fuimos recibidos con mucho cariño, por parte de la comunidad de frailes: Fray Jorge, Fray Antonio y Fray Otoniel, sin olvidarnos de Don Jorge.
Los primeros días estuvimos conociendo y compartiendo en el comedor social y el refuerzo escolar,  a la vez que conociendo la realidad de la parroquia de Santa Clara de Asís. Pronto descubrimos los grandes contrastes de esta maravillosa tierra: los niños venían al comedor con sus uniformes de la escuela limpios, nada hacía imaginar cómo son sus casas,  o las carencias materiales y  a veces carencias afectivas que viven en su día a día. Eso sí, esas carencias no les priva de sacar sus mejores sonrisas, y demostrar una dignidad, no orgullo, que nos hacen admirarlos y respetarlos aún más si cabe.
Nos distribuyeron por parejas en los corregimientos más grandes (pueblecitos que dependen del ayuntamiento de Corozal y de la parroquia de Santa Clara de Asís): Las Llanadas (Natalia y Clara); Mª Cruz y Arturo (Don Alonso); y nosotros, en El Mamón. Las distancias las miden por el tiempo en el que tardan en llegar de un punto a otro, pues si bien las distancias no son grandes, el mal estado del camino dificulta bastante el transporte.
Nos hicieron un recibimiento propio de un alto cargo, con mucho cariño. Todos los grupos de la comunidad participaron: Acólitos, Proclamadores de la Palabra, Grupo juvenil, Infancia misionera, Servidoras del Altar, Catequistas, Nueva Evangelización y Renovación Carismática.
Al llegar al Mamón, las dudas y los miedos  volvieron a aparecer, pues no sabíamos muy bien qué esperaban de nosotros, por el contrario ellos lo tenían muy claro lo que querían de nosotros: Misión = Misioneros; Misioneros = Enviados para difundir la Palabra de Dios… ¡¿Nosotros?!
Nuestras dudas y miedos fueron desapareciendo por el cariño y amor que todo el corregimiento nos hizo sentir. Invocamos al Espíritu Santo para que nosotros pudiéramos cumplir sus expectativas: celebramos la Palabra, hicimos catequesis con los jóvenes y los pelaos (como los llaman ellos), visitamos enfermos, bendecimos enfermos y casas… Estuvimos con ellos.
Tuvimos nuestros propios ángeles que nos cuidaron todo el día: Aminta, Sorly, Ándres, Paula, Adriana, Leandra, sin olvidar que cada noche la “Doña Ligia” madre de Aminta, que fue quién nos acogió en su casa, nos daba su bendición, que nos llegaba al alma. Esta es una casa que está muy cerquita de la capilla de Santa Lucía (patrona del corregimiento). Esta casa siempre está abierta; las personas del pueblo entran y  salen como si fuera la propia, y nos hicieron sentir también como si fuera la nuestra.
En este pequeño rincón de Colombia viven una Fe sencilla, clara, en voz alta, con orgullo de ser cristianos… tienen a Dios todo el día en la boca: “Dios te bendiga”, “Dios te guarde”, “Dios te cuide”, “Dios te proteja”, “Amén”… Palabras no desconocidas para nosotros, pero no oídas por la calle, en la escuela, en la tienda….
¿Cómo  pagar tantas bendiciones, y tanto cariño recibido?.
En el Mamón se ha quedado un trocito de nuestro corazón, y en nuestro corazón todos ellos. A la vez que los frailes, las trabajadoras del comedor y refuerzo escolar, que realizan un servicio encomiable, con un Amor que se siente, nada más atravesar la puerta,  a pesar que muchas veces el trabajo les desborda. Pero como San Francisco siempre con una sonrisa y con la alegría en sus rostros.
Una experiencia inolvidable y transformadora.




Javi y Marielo